viernes, 31 de agosto de 2012

Los niños de la noche


   
   Se rumorea sobre la existencia de criaturas que rondan en la noche, ocultos en las sombras deambulan observando a aquellos que sin malicia ni astucia caminan a la luz de la luna. Con ojos inescrutables y palidez mortuoria los niños de la noche se asoman desde su mundo y viene al nuestro solo para recordar alguna vida pasada e intentar recobrarla.

   Cuando vienen, solo la oscuridad los arropa. Y una que otra risa juguetona los delata, rompiendo el silencio con carcajadas inocentes de niños que buscan divertidos, un juguete para recrear en juegos malignos su alma extinta.

   Su carrera contra el dios de la muerte hace mucho que fue perdida, sin embargo estos niños, recelosos e inconformes con el resultado, se apegan a aquellos que solo desean sucumbir ante las parcas del destino. Desde un arbusto, un callejón, o tu propia sala de estar, los niños de la noche observan y esperan a que la mirada de su víctima se cruce con la suya, de esta manera reclamar su alma, y adherirla a su larga lista de conquistas.

   Una vez que su mirada, vacía y sin luz se posa sobre alguien, jamás la deja ir. Se dice que estos niños velan el sueño y siembran el miedo, susurrándole en silencio pesadillas a los desafortunados que poco a poco van haciendo estos sueños realidad. Al sumirse en la oscuridad, las víctimas, se debilitan progresivamente ante la insaciable ambición de estos infantes de las sombras.

   Se dice que el propio Lucifer ha mandado a sus niños para llenar sus arcas de almas perdidas en el abismo. Dueño del cuerpo y ahora del alma el Dios del Mal abre esta ventana y hace trampa en el juego de ajedrez que se ha debatido desde el principio de los tiempos. Esclavos infelices, son aquellos que terminan siendo capturados por la maldad de los niños de la noche, que pagan sus pecados de manera prematura.

   Ellos están condenados a vagar entre dos mundos, el real y el imaginario. Nunca duermen, nunca descansan, solo viven para ver una ilusión y alimentarse de ella. Como cazadores solo esperan a que una mirada los ubique, dentro de un armario, o detrás de una cortina, al final les da igual. De esta manera se llevan un botín que vale una vida.

   Si en alguna ocasión se llegase a encontrar con uno de estos niños, y éste no toma su vida, es porque probablemente usted no sea el elegido esta vez. Sin embargo tómelo como una advertencia, y recuerde, cada vez que camine en las sombras y se sienta observado, no voltee, ni pierda la calma… de seguro su destino ya está sellado.  

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