viernes, 3 de febrero de 2012

Crónica: El día más extraño jamás contado...


Aquella mañana me desperté con una sensación que nunca había experimentado antes. Entre la somnolencia y la pesadez de levantarse temprano, había una especie de malestar, como si algo inusual o incómodo fuera a suceder. Durante unos minutos me quedé fijamente viendo hacia el ventilador que daba vueltas, una y otra vez, siguiendo siempre su curso inequívoco de la parábola infinita. Mientras observaba el aparato, oí un crujido que provenía del mismo, seguidamente, un segundo después veía como las aspas de acero se aproximaban hacia mi aún girando…

Por suerte pude rodar sobre mi espalda y caer al suelo, me levanté tranquilamente y observé el objeto que casi me mataba, mi indiferencia no podía ser mayor… ya estaba acostumbrada a que la CIA intentase matarme de vez en cuando. Me dirigí al baño con paso lento, tomé mi cepillo de dientes, unté la pasta y comencé a cepillarme. Luego me peiné, me relajé un poco y después me dirigí a la sala en donde mi mascota me esperaba para saludarme. Filomena mi oveja vino con un trote desesperado a lamer mi mano, como lo había hecho desde el primer día que la tuve, cuando la compré a unos gitanos borrachos que pasaban por la ciudad.

Sin distraerme, pues ya iba tarde, me serví mi acostumbrado plato de cereal, y me senté a ver las noticias. realmente no vi ninguna información interesante, el aumento de los impuestos, leyes nuevas a ser aprobadas en la asamblea, una invasión zombie en Haití, un ejercito de delfines que había tomado Japón masacrando a varios pueblos pesqueros… realmente nada fuera de lo común. Habiendo terminado de comer, tomé mi abrigo, me despedí de filomena y salí rápidamente al estacionamiento para montar mi máquina negra. Yo lo había llamado Calígula, mi caballo. Él me llevaba siempre a mi trabajo, y yo sabía que me veía genial llegando en semejante semental. Enérgicamente me subí a su lomo y comencé mi viaje.

Mientras galopaba a través del bosque para llegar a la autopista, me topé con una anomalía en el paisaje que no estaba el viernes pasado. Unas casitas bastante rústicas habían sido construidas a los lados del sendero que conduce a la ciudad. Estaban hechos de ladrillos y techos de zinc. Mi sorpresa llegó cuando cinco enanos me cerraron el paso, armados con AK 47 y lanzas me amenazaron de muerte, poniéndome adjetivos de toda índole, desde torturador de minorías, pasando por latifundista explotador de los trabajadores y terminando con oligarca golpista. Tuve que bajarme de mi caballo, entregarles mis botas “mike” y dejarlos que se escaparan a todo galope en mi tan querida máquina. Esto me produjo algo de molestia.

Luego de este incidente seguí caminando hasta la autopista, estaba rogando que algún amigo o cualquier buen samaritano se parara y me acercara al trabajo. Después de veinte minutos aproximadamente un mototaxi se paró y me ofreció una carrera por ochenta “lucas”, según sus palabras… total, ni amigo ni buen samaritano. Con tedio acepté, y me monté en aquel artefacto de dos ruedas. Llegué en quince minutos a mi destino, el spa paradise & heaven, lugar en donde laboraba desde hacía años, lavando el cabello de los clientes y en algunas ocasiones se me permitía hacerle el manicure a las damas que buscaban este servicio.

Siguiendo con mi rutina diaria, me senté en la entrada a esperar a que algún cliente llegara y necesitase de mis servicios, sin embargo desde hacía unas semanas la clientela estaba muy baja, pues se encontró un cuartel secreto del servicio de inteligencia chino debajo del local, la entrada estaba en el salón de masajes. Se descubrió que nuestra masajista china era en realidad un espía que había construido de manera muy sigilosa ese centro de espionaje. En su interior se encontró un laboratorio genético. Aún sigo sin entender la baja de clientela, no es la gran cosa, es solo un problema diplomático entre dos naciones que ya resolvieron sus diferencias.

Pasadas las dos de la tarde, solo cuatro clientes habían entrado desde que se abrieran las puertas del spa, ya me encontraba bastante aburrida. En ese momento entró un hombre de mediana edad con barba, ojos negros y cabello castaño. Se me acercó y me dijo: oye querida, ¿vos sabés lo que hacemos en buenos aires con los spas que buscan quitarnos nuestro negocio? – me quedé mirándolo con cara de incomprensión y dije: no… -- entonces te lo demostraré – acto seguido sacó una escopeta y comenzó a disparar como loco a todo lo que veía. Fueron milésimas de segundo las que necesité para reaccionar. Cuando estuve en el mossat aprendí a desarmar a un hombre con gran habilidad, así que tomé la escopeta con una mano y con la otra tomé la muñeca de la extremidad que sostenía el cañón del arma, la giré mientras barría el pie de apoyo del atacante y este cayó al suelo, rápidamente me le fui encima, tomé su brazo, le hice una palanca y… su articulación ya estaba rota.

Más tarde, cuando llegó el supervisor, me enteré que todo se trataba de una treta diseñada para engañar al seguro, y de esta manera salvar el negocio de una quiebra inevitable. el sujeto armado resultó ser el primo de mi jefe, quién se encontraba entre los criminales más buscados por el FBI y era el principal sustento de su familia de ocho hijos, su madre y su esposa. Por supuesto perdí mi trabajo.

Salí por la puerta trasera con la cabeza baja, a este punto de la tarde ya me encontraba un poco curiosa por la sucesión de eventos que habían venido ocurriendo desde muy temprano. Mi concentración era tal que cruzaba las calles sin mirar si algún carro se aproximaba, por suerte ninguno llegó a atropellarme. sin embargo, caminando por una acera oí un ruido detrás de mi, era algo que se aproximaba, un carrito de helados que se le había soltado a su dueño, venía a toda velocidad hacia mi, por suerte a pocos centímetros pude esquivarlo dando un brinco hacia atrás, caí en la calle… lo que no me esperaba era que viniera una bicicleta en la trayectoria de mi salto… la próxima imagen que vi fue la de un ciclista volando con los brazos abiertos mientras yo caía sobre mi cadera, dándome un golpe fortísimo.

El ciclista murió en el acto… me conmoví bastante, un agujero surgió en mi estómago y me sentí como nunca antes… mi celular se había roto. Después del golpe me di cuenta de que la pantalla del y-phone estaba rota y sin posibilidad de reparación, derramé una lágrima, puse una rodilla en tierra y maldije en nombre de todos los dioses nórdicos aquél día escrito por algún guionista sádico y sin oficio. Lo maldije a él y a toda su familia, le desee que ardiera en el infierno y que padeciera de todos los tormentos posibles. Habiendo dicho esto, me levanté y seguí mi camino… comenzó a llover.

Ya mojada y rogando porque este día se acabara, decidí ir a casa de mi amigo Alejandro quién de seguro me prestaría ropa y me llevaría a casa. Cuando llegué a su casa y le conté todo lo que me había pasado, este, incrédulo solo pudo decirme una cosa… “tu lo que necesitas es rumbear”… me quedé pensando y antes de que dijera que no, ya Alejandro me estaba dando unos pantalones y una camisa para salir. Sin darme cuenta ya estábamos en su carro, y en pocos minutos ya estábamos en el bar.

Cuando entré lo primero que distinguí fue una terrible música bananera y mucha gente indeseable. Inmerso en mis pensamientos de obstinación sentí de repente una mano que tomaba mi hombro con fuerza, cuando voltee, vi que era mi novia. Isabela me cacheteo y temblado reclamó mi ausencia en todo el día, que me había estado llamando y yo no le atendía, intenté razonar con ella… pero, simplemente esta mujer estaba loca. Me dijo: ¡Es suficiente, no te basta con tener una oveja de mascota, una maldita oveja, y transportarte en caballo todos los días sino que también me ignoras, pues esto se ha acabado oíste acabado!

Mi odio contra el mundo no podía ser mayor, salí tomé un taxi y fui a mi casa. Cuando llegué a la entrada y abrí la puerta, noté que el rechinar que siempre hacía al abrirla, no estaba, algo era diferente. Filomena en la sala se me quedó viendo con malicia, y una voz como de ultratumba salió proferida de lo que alguna vez había sido un tierno animal. Me dijo: me llevaré tu alma hereje! en ese momento abrí los ojos y comprendí que todo había sido un mal sueño… hasta que el ventilador casi me mata cuando cayó sobre mi…

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