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martes, 6 de marzo de 2012

El sonido que hace un bate al golpear ( It’s Gore Time!!)


¡Qué calor está haciendo! ¡Dios siento como si mi cabeza fuera a estallar! Una terrible urticaria ha salido en mi cuello y no puedo dejar de rascarme. Desde esta mañana siento como si algo me apresara, hay momentos en los que me ahogo, siento nauseas y me desespero… debe ser fatiga y stress, provocados todas las noches que tengo sin dormir… por aquellas pesadillas… aquellas pesadillas.

Finalmente estoy en casa, abro lentamente la perilla y siento el frío del metal, de nuevo un mareo, seguido de nauseas ¿Qué me pasa? Mi mano comienza a temblar, la oculto en mi abrigo y prosigo. Julia mi esposa se encuentra preparando la cena y me saluda animadamente, yo apenas puedo responder con un mínimo de normalidad.

Subo con paso inseguro las escaleras, mi mareo sigue haciendo de las suyas. Logro llegar al baño para refrescarme ¡Esta migraña es terrible! Preparo la bañera y me sumerjo en el agua tibia, recuesto lentamente mi cabeza y busco relajarme… solo un poco, solo un poco.

¡Me he quedado dormido! Lentamente abro los ojos y me hecho un poco de agua en la cara, al bajar mi mirada veo la superficie de aquel líquido rojizo en el que me encuentro sumergido. Siento un espasmo de terror en el pecho, de mi garganta solo sale un grito ahogado, la desesperación se apodera de mi y el aire deja de llegar a mis pulmones, tomo mi cuello, me asfixio, la presión en mi pecho me aturde mientras meto completamente mi cabeza en la sangre (¿Mía?) que me succiona y entra en mi boca… cuando se que es el fin, abro mis ojos bruscamente y despierto sobresaltado ¿Qué me sucede?

¡Dios que dolor de cabeza! ¡No se me quita con nada! Debo descansar un poco, Julia desde la cocina me pregunta si algo me pasa -- Nada -- le respondo – Solo me duele la cabeza, me voy a recostar un rato.

Llego a mi dormitorio, lo primero que hago es lanzarme en mi cama. Tomo mi almohada con fuerza e intento quedarme dormido, pero aquella voz… la de mis pesadillas, vuelve a mí, como un eco o un murmullo. Al principio solo oigo carcajadas burlonas y chillonas, seguidas de la palabra “tómalo”, la cual se repite y se repite, luego aquella voz pronuncia la palabra “úsalo”. Intento tapar mis oído, pero lo puedo escuchar igual, la risa continúa y las sombras en mi habitación comienzan a tomar forma reuniéndose a mi alrededor en una danza macabra de muerte y terror.

Nauseas, tos y una migraña del demonio nublan mi mente, mientras aquellas figuras se ríen de mí, que desesperación, esas risas de payasos endemoniados que vienen y van enseñando sus dientes afilados -- ¡¿De que se ríen?! ¡¿De mí?! ¡¿De qué?! ¡Contesten! – La única respuesta que consigo son más risas y las mismas palabras “tómalo” y “úsalo”, en ese momento volteé a ver mi armario -- Sé lo que tengo que hacer.

Abro las puertas del armario con sobresalto, tomo lo que había estado buscando, pongo mis manos a su alrededor… Plac, Plac, Plac… lo sueno tres veces contra el suelo, mi bate de béisbol, mi fiel compañero en mis días de deportista, hoy me aliviaba un terrible dolor de cabeza y hacía llegar a mí, un olor metalizado a sangre. La euforia se apoderó de mí y las voces se hicieron cada vez más intensas… “Ahora úsalo”… “Con ella”…”úsalo, con todo”…

Plac, Plac, Plac

Camino lentamente, salgo de la habitación…Plac, Plac, Plac… mi vista es completamente roja, y mis deseos de batear algo son indescriptibles, visualizo como un coco se rompe al golpearlo con mi viejo amigo… Plac, Plac, Plac.

A medida que avanzo, el frenesí se apodera de mí, y mis dolencias van desapareciendo pero las voces siguen ahí guiándome… Plac, Plac Plac… Bajo las escaleras lentamente, y oigo los pasos de Julia que termina de dar los últimos toques a la cena… Plac, Plac Plac… En mi cara se dibuja una sonrisa de placer, el olor a sangre se intensifica.

n ¡La cena está lista! – Dice Julia despreocupada mientras sirve la carne que había estado preparando.

n ¡Ya lo se cariño, ya voy! – Dije con frescura y mucha, pero mucha alegría

Me aproximo por detrás de ella, sin hacer ruido con mis pisadas, alzo el bate, y en ese momento, en ese preciso momento vi como mi buen amigo se regocijaba al ser usado de nuevo… cayó como un yunque quebrando el coco como si fuera un huevo… su cabeza estalló y pude ver como su cráneo se convertía en un rompecabezas desecho (¡Qué ironía!)… Prack, Prack, Plush, Prack… golpeaba y golpeaba, una increíble felicidad se apoderó de mi ser, y sin embargo continuaba golpeando con más empeño y desenfreno…Prack, Prack, Plac (Ups, fallé ese), Prack

Desde hacía algún tiempo había querido redecorar mi cocina, y para ser sincero, el rojo no le quedaba nada mal, sobre todo aquellas manchas que habían quedado en el techo… le daban un toque psicodélico y colorido.

… Y el olor, aquél olor… era como aire fresco, las voces rompieron en estridentes carcajadas, y yo… pues… reí estridentemente con ellas, con que esto era perder la cordura. Hay quienes dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde… pues yo nunca supe el placer que se podía tener al perder algo (¡Qué ironía de nuevo!)

Ahora solo queda ir a mi habitación, buscar mi diario y describir de manera elegante como mi compañera cordura me dejó junto a mi conciencia y me hizo aligerar mi carga. Y por supuesto lo bonita que quedó mi cocina… ¡Un momento! antes, queda una cosa más por hacer… vuelvo a subir las escaleras lentamente… Plac, Plac Plac, abro la primera puerta a la izquierda, me asomo y… – Dani, hijo ¿Qué haces ahí escondido? No te asustes, tu papá te trajo un regalo – Plac, Plac, Plac…

sábado, 7 de enero de 2012

Mi Batalla

Ilustración de Mariusz Kozik



Es una tarde brumosa y húmeda, las nubes cubren completamente el firmamento, el frío penetrante hela incluso a las almas más gélidas que hoy se reúnen en el campo. Los tambores anuncian el comienzo del fin, como un réquiem de despedida antes de la muerte, la marcha hace temblar la tierra, y los charcos suenan con cada paso, el momento que todos han esperado durante meses por fin ha llegado, la batalla debe comenzar.

Mientras mis hombres se preparan para la pugna, yo solo puedo pensar en que este día será el más glorioso de nuestra existencia, pues hoy demostraremos que los verdaderos guerreros, los que poseen un corazón valiente y noble, están listos para morir siempre que sus principios se vean amenazados y los malvados intenten pisarlos.

Al marchar no puedo evitar pensar en mis seres queridos, quienes sé que siempre me acompañan y me brindan su apoyo, otro motivo más para defender nuestro honor. Mi espada es mi alma, y mi cuerpo, mi arma, con ellos atravesaré cualquier ejército que ose a adversarme, y dejaré en claro que si la muerte me busca… pues que me encuentre, y llegado ese momento tendré mis botas puestas, siempre listo para luchar hasta mi último aliento.

A lo lejos veo las filas de aquellos que quieren mi cabeza, pero ellos no saben algo, los últimos que la quisieron, terminaron dándome las suyas… ¿Irónico no? Como el deseo de unos se puede convertir en la conquista de su enemigo… y esto se debe a que ningún guerrero tiene deseos, pues solo la oportunidad debe ser su deseo.

Yo comando a mis hombres, a mis camaradas, hacia nuestro destino, hacia nuestra gloria. Con cada metro que avanzamos el olor de la victoria se intensifica, y nuestra confianza se alza como un castillo sobre la llanura de nuestro espíritu, el que ha sido tallado inmutable y tranquilo como el fluir de un riachuelo, el que solo se enfría al momento de luchar a muerte por nuestras vidas y nuestra libertad.

Y si algo he aprendido en mi recorrido a través del complejo camino del guerrero, es que la única forma de amar mi vida, es luchando a muerte, pues, es en ese momento en que aprecio cada segundo sin meditar, simplemente reaccionando con reflejos de supervivencia fundidos en instantes efímeros cargados de energía irracional, que me inducen a seguir luchando por mi vida y la de mis camaradas.

Finalmente vemos como el cielo se cubre por una nube de flechas que al llegar a su punto más alto, comienzan a decender sin retorno hacia nosotros… en ese momento mis hombres se ocultan en sus escudos, pero yo solo río con fuerza y abro mis brazos, espero con ansias la llegada de las flechas… ninguna me alcanza. Bajo la mirada hacia mis rivales, y veo en ellos sorpresa y… miedo, se han dado cuenta que los dioses hoy me sonríen, el festín va a comenzar.

Comienzo mi galope a toda prisa, mi caballería me sigue, como un alud nos estrellamos contra las barricadas de acero y madera que nos esperan. Con fuerza y determinación logro abrir una brecha entre sus falanges y empiezo a desgarrar todo lo que se ponga al alcance de mi espada, sigo avanzando y mis hombres me siguen ¡Hemos abierto una brecha en el estómago de la bestia, es hora de devorarla!

En un desafortunado cruce, mi corcel fue alcanzado por una lanza, caí sobre mi hombro derecho dislocándomelo, sin embargo la furia de la batalla me hizo levantar en segundos, tomé mi espada y comencé a pelear cuerpo a cuerpo con aquellos que buscaban arrebatarme la vida… ¡Venid sucios!, ¡Venid!, hoy mi alma arde como el infierno de Dante…

Los hombres caen por doquier, la sangre comienza a inundar el paisaje, y los cuerpos adornan el valle que alguna vez fue verde y silencioso. Los gritos, algunos de miedo y otros de desesperación se escuchan a leguas, y el sonido del metal chocando continuará por la eternidad mientras las almas de los guerreros caídos continúen su batalla hasta el fin de los tiempos.

En mi mente sé que no ha pasado mucho tiempo, sin embargo los instantes de batalla se hacen interminables, mi cuerpo se agota, pero mi espíritu se fortalece, pues sé que aunque la montaña sea inmensa y pedregosa, yo, el guerrero, siempre podré escalarla y superarla, pues ni la naturaleza me impondrá barreras mientras me haga llamar un defensor de la verdad y del bien.

Sin que pueda verlas, dos flechas se clavan en mi cuerpo, una en mi pierna y otra en mi costado, siento el dolor punzante de ambas heridas, el qué, solo provoca que mi coraje se incremente ante la adversidad, y haga que me levante con la cabeza en alto y avance esgrimiendo mi espada y derribando a todo el que se me enfrente.

La sangre tiñe mi ropa, aquella sangre que no puedo oler, pues mi sensibilidad hacia este olor ha desaparecido, mi vista se empieza a nublar, y mis piernas comienzan a flaquear, pero continúo. Veo a mis hombres, camaradas, amigos, luchando a mi lado y no me permito ni por un segundo bajar la cabeza, pues ellos están dando su vida por una causa que yo comando, y tengo que seguir hasta que el cirio de mi espíritu se extinga.

En mi truncado camino, siento una puñalada trasera, sin control sobre mí, suelto mi espada por el dolor, caigo de rodillas y rápidamente me volteo hacia mi atacante, lo veo fijamente a los ojos y lo reconozco, es un traidor, uno de mis mejores hombres, aquel que siempre estaba dispuesto a luchar, pero al parecer habían encontrado su precio. Seguidamente se abalanzó sobre mí para estrangularme, pero lo recibí con mi manopla, rápidamente tomé su cuello y lo retorcí. Al soltar su cadáver intenté levantarme, pero mi cuerpo no respondió, entonces pude ver el charco de sangre que se estaba formando por mis heridas, y desde mi lecho observé como nuestros enemigos huían despavoridos, habíamos ganado, ¡El triunfo era nuestro!

Entre sombras me encontraba, escuchaba murmullos lejanos, en mi mente repetía la batalla una y otra vez mientras la muerte daba vueltas a mi alrededor, podía ver aquel rostro pálido y deforme que dirige su mirada vacía hacia el interior de mi alma. Estaba helado, mis huesos se congelaban y mi respiración se hacía cada vez más dificultosa, cuando finalmente la mano de la muerte me tocó… en ese momento escuche su voz, tan atroz y apagada como el vacío de un acantilado, su mensaje fue claro, no era mi tiempo, pues mi constancia y mis ganas de luchar, sin importar el sufrimiento, habían impresionado a los dioses. En ese momento desperté rodeado por mis hombres, quienes ansiosos rompieron en júbilos y brindaron por nuestra conquista.

Mi filosofía de nunca rendirse ante las adversidades, por más grandes que sean, había dado resultado de nuevo, y otra vez salía fortalecido, pues una vez más había conquistado la montaña de la muerte. Mi orgullo sigue intacto y mi amor por la vida es aún mayor, pues hoy y siempre seré un guerrero y lucharé hasta que el mundo deje de ser mundo… hasta nuestra próxima batalla.